miércoles, 19 de mayo de 2010

Efectos del gran rescate a la crisis financiera de Grecia

Aunque el plan de ayuda brinda alivio en el corto plazo, no resuelve los problemas de solvencia de los principales países con dificultades fiscales.


Esto ha generado volatidad en los mercados y en la moneda común de la Eurozona, los cuales podrían continuar. La semana pasada, las autoridades europeas anunciaron un paquete de ayuda para los países con dificultades fiscales en la zona euro.

El tamaño (cercano a 750.000 millones de euros) y la velocidad con que se llegó al acuerdo sorprendieron positivamente a los mercados mundiales, resultando en un importante rally de los activos financieros y en la disminución de las primas de aversión global al riesgo. El plan de ayuda comprende las siguientes medidas:

i) Apoyo fiscal de la Unión Europea (440.000 millones de euros), del FMI (250.000 millones de euros) y de la Comisión Europea (60.000 millones de euros) para países con necesidades fiscales y disponibles durante tres años.

ii) Compras de títulos de deuda pública y privada por parte del Banco Central Europeo (BCE).

iii) Renovación de líneas swap cambiarias entre los principales bancos centrales del mundo para facilitar la liquidez en los mercado monetario e interbancario.

El paquete es suficientemente grande como para cubrir la totalidad de las necesidades de financiamiento en Grecia, Portugal, Irlanda y España hasta el 2012, con lo cual estos países podrían abstenerse de buscar préstamos en los mercados hasta esa fecha.

Esta situación produce un alivio de corto plazo, pues las tasas de los préstamos del plan de ayuda serán más favorables que las exigidas por los mercados.

Adicionalmente, las compras de deuda pública por parte del BCE podrían ayudar a reducir las tasas de financiación que el mercado les exige a estos países, posiblemente a niveles similares a los del arreglo.

Igualmente, el plan da un mayor tiempo para que los respectivos gobiernos implementen programas de recorte fiscal creíbles que devuelvan la deuda pública a una senda sostenible.

En principio, el plan de ayuda debería localizar el problema principalmente en la zona euro, contener parcialmente el contagio que se estaba produciendo en los mercados globales, y reducir los potenciales efectos negativos sobre las economías de países fuera de la región.

Sin embargo, hay varios factores que aún quedan por resolver y que seguirán pesando sobre los mercados mundiales, especialmente el Europeo, y sobre la situación económica mundial.

Antes que nada, existe un riesgo de implementación asociado a la capacidad política de algunos países de la zona euro para conseguir la aprobación local de los montos del paquete de ayuda.

En particular, Alemania y Francia serán los principales aportantes y sus gobiernos tienen un inmenso reto por delante para explicar a sus ciudadanos el por qué hay que hacer transferencias fiscales a otros países de la región y el por qué dejar colapsar la Unión Monetaria podría ser aún más costoso para sus respectivas economías.

Aunque el plan de ayuda brinda alivio en el corto plazo, no resuelve los problemas de solvencia de los principales países con dificultades fiscales. Evitar una cesación de pagos en el mediano plazo dependerá de la capacidad de adoptar los ajustes fiscales prometidos y los que serán exigidos por la UE y el FMI.

No es claro que éstos se vayan a poder cumplir debido a la impopularidad de las medidas y al tamaño de los ajustes necesarios. Por ejemplo, Grecia necesita disminuir su déficit primario en más de 10 puntos porcentuales del PIB en un lapso de tres años para que su deuda pública recobre una senda sostenible, y los ajustes que se han anunciado hasta la fecha han resultado en fuertes protestas contra el Gobierno.

Portugal, España e Irlanda tienen retos similares aunque menos exigentes. En el caso de que estos ajustes se pudieran cumplir, estas economías podrían sufrir de largos periodos de contracción económica y posibles ambientes deflacionarios, similar a lo que vivió Japón durante muchos años en la década de los 90.

Es precisamente el efecto de los masivos ajustes fiscales sobre el crecimiento económico en Europa el que seguirá generando incertidumbre en los mercados mundiales.

A pesar de que era evidente que Europa no iba a ser uno de los principales jalonadores del crecimiento durante la reactivación económica actual, los eventos recientes agregan un nuevo grado de incertidumbre que paulatinamente se está haciendo notar.

Por un lado, la fuerte devaluación del euro podría desacelerar la recuperación del comercio internacional, pues las exportaciones de países como Estados Unidos y China hacia la UE se verán afectadas.

Lo anterior es aún más relevante al tener en cuenta que la UE es el principal importador de bienes en el mundo. Por otro lado, las preocupaciones de los mercados financieros se están comenzando a sentir en el sector bancario en Europa y global.

La incertidumbre de los efectos negativos que esta crisis pueda tener sobre los balances de los bancos ha elevado las primas de riesgo de los mismos, incrementando su costo de financiación de corto plazo.

El aumento reciente de la tasa interbancaria de referencia a nivel global (Libor) evidencia las mayores dificultades que los bancos globales están experimentando para sus operaciones de liquidez diarias, con lo cual la reactivación del crédito se dificulta, incluyendo las líneas de crédito al comercio internacional.

El sistema bancario global está altamente interconectado y por eso es que la reactivación de las líneas swap cambiarias entre los bancos centrales del mundo es de crucial importancia para reducir la probabilidad de que esta crisis se convierta en otra nueva debacle financiera global.

La situación de la Eurozona seguirá siendo delicada en los meses por venir y creemos que seguirá produciendo episodios de alta volatilidad en los mercados mundiales, incluyendo el colombiano.

Hacia el futuro, la UE tendrá que hacer reformas de fondo para asegurar que la Unión Monetaria no colapse en el mediano plazo, pues la crisis actual ha puesto en evidencia los problemas de diseño que se habían señalado desde su nacimiento (en particular, la ausencia de integración geopolítica y fiscal).

Por ahora, se estima que la UE y el BCE continuarán manifestando su voluntad de hacer todo lo que esté a su alcance para defender el euro. Lo anterior implica mayor intervención por parte del BCE en los mercados financieros (posiblemente al estilo de algunos de los programas adoptados por la Reserva Federal durante la crisis de 2008) que inevitablemente resultaría en mayor debilidad del euro.

El costo de un colapso de la Unión Monetaria es demasiado elevado, tanto para la UE como para la economía mundia; por eso es razonable asumir que las autoridades actuarán de forma determinada en los meses por venir.


ANDRÉS PARDO AMÉZQUITA / Gerente de Investigaciones Económicas
Tomado de portafolio.com

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